lunes, 4 de abril de 2016

Domingo Santos y Leiber (Parte I)

Después del parón de vacaciones, os traigo una entrada que tenía muchas ganas de compartir con vosotros. Estoy hablando del prólogo de Domingo Santos que aparece en el libro Crónicas del Gran Tiempo publicado en la colección Super Ficción de Martínez Roca en 1984, y un año más tarde en la Biblioteca de Ciencia Ficción de Orbis. Su importancia radica en que Domingo Santos, por el que siento una profunda admiración y considero un auténtico pionero en divulgar la ciencia-ficción en España, además de traducir este y otros libros del autor —entre ellos El Gran Tiempo (editado por Adiax en España)— conoció a Fritz Leiber durante una convención mundial de ciencia ficción en Brighton, en 1979. En este prólogo no solo nos habla de los relatos que componen el libro, sino también del propio Leiber, dando a conocer datos que ayudan a saber más de la poco conocida persona que era el autor.

Domingo Santos, padrino de la ciencia-ficción en España

Tras investigar sobre los derechos de este prólogo y preguntar aquí y allá, solamente recibía el silencio por respuesta, hasta que por fin conseguí contactar hace un par de semanas con Domingo Santos, a través de Juan José Aroz, que lleva 20 años difundiendo la ciencia-ficción en castellano con su editorial Espiral Ciencia Ficción. Tanto Domingo Santos como Juan José Aroz se han mostrado muy cordiales y no puedo más que agradecerles por cómo se han portado conmigo. Así que, con el permiso de Domingo Santos para publicar su prólogo, dejo de lado la cháchara y os invito a disfrutar del texto que, por su extensión, dividiré en tres entradas.

Fritz Leiber y la Guerra del Cambio

Fritz Leiber se distingue entre los autores norteamericanos de ciencia ficción por dos importantes características. La primera, por ser uno de los decanos en su profesión. La segunda, por ser un escritor ecléctico, que nunca se ha encasillado en un solo género o estilo determinado, sino que ha sobresalido, y sigue sobresaliendo, en varios de ellos.

También reúne otra característica, a la que él no da la menor importancia: la de ser el autor que más premios literarios de fantasía y ciencia ficción ha ganado en el mundo: seis Hugos, tres Nébulas y cuatro premios de literatura fantástica, el Lovercraft, el August Derleth, el Gandalf y el Lovecraft a la obra de toda una vida. Un record que no ostenta por ahora ningún otro escritor de fantasía o de ciencia ficción.

Y me atrevería a decir que posee aún una cuarta característica, mucho más importante que las anteriores: una profunda humanidad, que se refleja constantemente, tanto en su obra como en su persona.

Tuve la oportunidad y el placer de conocer personalmente a Fritz Leiber en Brighton, Gran Bretaña, en 1979, durante la XXXVIII Convención Mundial de Ciencia Ficción. Lo primero que me llamó la atención en él fueron sus pies; no pude llegar a averiguar (no quiso decírmelo) si calzaba un 48 o un 50, pero calculo que debía de irle a la zaga. En un determinado momento me diría, sonriendo: «Mis pies me sirven para mantenerme estable en cualquier circunstancia; gracias a ellos, nadie sabe nunca si estoy sobrio o moderadamente borracho». Debo señalar que Leiber bebe hoy por hoy de forma muy moderada, desde que a mediados de los años cincuenta permaneciera casi cuatro años literariamente inactivo, a causa de problemas con el alcohol. «Ahora lo tengo completamente superado —añadiría un poco más tarde—; en la actualidad, la única droga que utilizo es la máquina de escribir.»


Fotografía de Lars-Olov Strandberg, Seacon '79
(37th World Science Fiction Convention),
Brighton, England, 1979.
Copyright © Lars-Olov Strandberg

Lo segundo que me llamó la atención en él fue su extraordinaria humanidad. Frente a la pedantería de un Silverberg, por ejemplo, o el divismo de un Clarke, ambos presentes también en aquella convención, Leiber fue todo el tiempo la cordialidad y la sencillez personificadas. A sus casi setenta años de edad, erguía su alta estatura y su rostro largo y de afilada nariz como una torre del homenaje en medio de escritores, colegas y fans, tan completamente despreocupado de su calidad de invitado de honor que parecía ser uno más de los admiradores que le rodeaban. En realidad, durante todo el tiempo se lo pasó mucho mejor mezclado con la gente que arriba en el escenario, de donde se escabullía siempre que le era posible. Supongo que si al final de la convención alguien se marchó de Brighton sin obtener de él unas palabras o un autógrafo, o incluso una larga conversación entre amigos, fue simplemente por pura estupidez.

Y sin embargo, pese a su humildad, Fritz Leiber es uno de los nombres más gloriosos de la fantasía y la ciencia ficción norteamericanas, cuya producción sigue manteniéndose hoy en día, tras más de cuarenta años de carrera, en un alto nivel de calidad. Desde que a finales de los años treinta y principios de los cuarenta empezara a colaborar en la revista Weird Tales, verdadero crisol de grandes autores del género, su producción ha mantenido un ritmo constante de éxito y calidad. Al contrario de otros autores, como Ray Cummings, Eando Binder, Orlin Tremaine, que tras una fulgurante etapa en esos años treinta y cuarenta abandonaron el género y se sumieron en el olvido, Fritz Leiber ha seguido sin cesar en el candelero, y sus primeros relatos y novelas son tan reconocidos y considerados hoy como puedan serlo los más recientes. Ello es debido a todas luces a su propio eclecticismo. «No me gustan las etiquetas; escribo lo que me gusta», me dijo al respecto, como sin darle la menor importancia. Nunca ha podido ser considerado exactamente como un escritor de ciencia ficción, no al menos en la forma «clásica». Su desbordante fantasía literaria hace que incluso en sus obras más hard sf, como pueda serlo The Wanderer (El vagabundo), la precursora de la gran oleada de novelas de desastres que nos vendrían luego, su imaginación se decante en brillantes chispazos hacia la fantasía pura. Quizá por eso, como él mismo reconoce, su obra no ha sido tan considerada como la de otros autores. Pese al número de premios obtenidos, su popularidad nunca ha alcanzado las cotas de un Heinlein, por ejemplo, otro de los decanos de edad similar a la suya (Heinlein es tres años mayor que él), y cuya carrera ha seguido un rumbo más o menos paralelo al suyo en el tiempo. Pero eso, a él, le tiene absolutamente sin cuidado.

La vida de Fritz Leiber corre pareja con su obra. Nacido Fritz Reuter Leiber, Jr., el 24 de diciembre de 1910 («Pero no de madrugada, como Nuestro Señor Jesucristo»), fue hijo de un afamado actor shakesperiano de igual nombre y de una madre también actriz. Sus primeros años los pasó entre bastidores, ayudando en la compañía de su padre, haciendo un poco de todo, e incluso saliendo al escenario y actuando cada vez que resultaba necesario.

Este antecedente familiar —el hecho de que tanto su padre como su madre fueran actores—, así como el vivir toda su infancia y su adolescencia en el teatro, tendría que haber marcado al joven Fritz Leiber. De hecho, sí lo hizo; durante su juventud, fue también un apreciado actor shakespeariano, e incluso, como había hecho anteriormente su padre, intervino en Hollywood en algunas películas, entre ellas un pequeño papel en el célebre filme Camille, con Greta Garbo. Su rostro apareció también en varios filmes clásicos de terror, entre los cuales cabe destacar El fantasma de la ópera.

Quizá esto último, junto con el elemento trágicamente fantástico que impregna muchas de las obras de Shakespeare, condicionara el futuro de la carrera de Leiber. Él se limita a sonreír con aire ausente cuando se le pregunta al respecto, y responde con una evasiva, cambia de tema o simplemente no contesta. Lo cierto es que, a finales de la década de los treinta, pasó de la luz de las candilejas a la del foco junto a la máquina de escribir. Empezó a publicar en ese gran templo lovecraftiano que fue la revista Weird Tales, y también en otras revistas paralelas, como Unknown. Relatos de fantasía y de terror, por supuesto. Mediados los cuarenta empezó a publicar también en Astounding Science Fiction, y es probable (Leiber tampoco deja de sonreír cuando se le pregunta al respecto, y elude la cuestión o no contesta) que los condicionantes de la política editorial de esta revista fueran los que le abocaran magistralmente hacia la ciencia ficción. Desde entonces, Leiber incluiría a menudo elementos de ciencia ficción en sus historias, pero sin dejar de ser nunca, básicamente, un escritor de fantasía.

Su obra reúne una ingente cantidad de relatos cortos y, comparativamente, muy pocas novelas. Entre estas últimas cabe destacar su primer gran éxito, Conjure Wife (Nota: os recomiendo la siguiente reseña), aparecida originalmente en Unknown en 1943 y publicada como libro en 1953; una novela de brujería en los tiempos modernos cuya acción transcurre en una facultad universitaria y que ha sido trasladada dos veces al cine, primero como Weird Woman (Mujer extraña) y luego como Burn, Witch, Burn (Arde, bruja, arde), con guion de Richard Matheson, y de la que se ha hecho también una versión televisiva. Gather, Darkness! (¡Concéntrate, oscuridad!) es una notable novela acerca de una Tierra futura controlada por una religión, mediante el uso de una ciencia que es guardada en secreto a fin de poder realizar milagros ante la gente. The Green Millenium (El milenio verde) es una novela de misterio situada en una decadente América del próximo siglo, en la que unos extraterrestres visitan lo que no es más que una degenerada sociedad donde imperan el sexo, el sadismo y la crueldad. Una de sus últimas novelas, Our Lady of Darkness (Nuestra Señora de la Oscuridad), es un impresionantemente hermosa novela gótica, que posee fuertes elementos autobiográficos... o al menos eso es lo que afirma el propio Leiber. Finalmente, The Wanderer (El vagabundo), que le hizo merecedor de uno de sus premios Hugo en 1965, es su más clásica novela de ciencia ficción, en la cual el paso de un extraño mundo por las inmediaciones del sistema solar crea una gran devastación en la Tierra y la Luna. Escrita con una gran complejidad de personajes y situaciones, constituye un antecedente directo del gran número de novelas y filmes de desastres que crearían toda una escuela poco después, y más concretamente del filme Meteoro y de la novela El martillo de Lucifer, de Niven y Pournelle.

Por supuesto, Leiber tiene otras varias novelas en su haber, desde Tarzan and the Valley of Gold (Tarzán en el valle de oro), escrita al estilo Burroughs y prologada por el propio hijo de Burroughs, hasta A Specter is Haunting Texas (Un fantasma recorre Texas). Sin embargo, su mayor éxito de público radica en las series. La más famosa de ellas, que surge al iniciarse su carrera (la primera historia apareció en Unknown en agosto de 1939), es la de Fafhrd and the Gray Mouser (Fafhrd y el Ratonero Gris), conocida también como el Ciclo de las Espadas. Se trata de una serie clásica de Espada y Brujería; incidentalemente, la paternidad de este nombre, Sword and Sorcery, que se ha hecho famoso en el mundo anglosajón para definir ese subgénero particular de la fantasía, se atribuye al propio Fritz Leiber, aunque él, con su socarronería habitual, siga sonriendo y callando cuando se le pregunta al respecto. La serie fue desarrollada a partir de 1934 por Leiber y un amigo universitario, Harry Fisher, que colaboró durante varios años en el desarrollo del escenario.

Iniciada como una sucesión de simples relatos de aventuras, se fue transformando con el tiempo en un complejo entramado, que huye completamente de los clisés que inundan ese subgénero. En la actualidad, los relatos han sido reunidos en seis volúmenes, cuyos títulos empiezan siempre con la palabra Swords... (Espadas...), y de ahí el nombre genérico por el que es conocida la serie. Una de las historias que la componen, Ill Met in Lankhmar (Mal encuentro en Lankhmar), ganó en 1971 y 1970, respectivamente, los premios Hugo y Nebula.